viernes, 7 de enero de 2011

Balada triste de película

Dios me libre de pretender escribir una crítica cinematográfica. Voy mucho al cine, sin distinción de géneros, nacionalidades, actores o temas. Pero no soy crítico de cine. Me guío por mi intuición para decidir, mi satisfacción personal cuando salgo, y mi memoria, así que hayan pasado unos días, para comprender la huella. Si es que la ha habido.
El pasado lunes acudí, ufano como siempre, a visionar la película "Balada triste de trompeta", del laureado director y, ahora, presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (casi me ahogo) Alex de la Iglesia. El primer rato, la película prometía (como muchas) pero, poco a poco, los diálogos se iban volviendo vacíos, los personajes se iban difuminando y la tendenciosidad se iba adueñando de la pantalla. No sigo, labor de otros.
Una vez más, y van....en el cine español, revisión plana del pasado, sin otro punto de vista que el del presunto perdedor, omitiendo hechos, descalificando con pretendida ironía, tergiversando la historia, clamando una compensación que ya nunca se producirá. Creando opinión con el sesgo del ignorante o del paniaguado para que los espectadores terminen creyendo que, al final, Caperucita se merendó al lobo.
¿A qué viene otra vez tanto revisionismo?, ¿no hemos tenido ya bastante ración de "corrección política? Desconozco si el motivo ha sido el exceso de subvención, la veleidad no disimulada, la emulación técnicamente buena pero sin contenidos -ya tenemos un Tarantino, no necesitamos otro-, una excusa para mantener la industria en pie, o todo junto. Hacía tiempo que el asiento de cine no me echaba de esa manera.
Veo todo tipo de películas y no huyo de las que se hacen en España. He constatado, a lo largo de muchos años, que el cine español es un cine de perdedores, refugiado en la nostalgia, el chascarrillo, la gracia fácil, la picaresca y la burda imitación. Salvo honrosas excepciones, claro está. Luego nos extraña que la gente joven no acuda a verlo.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Wikileaks (güiquilics para los no iniciados) familiar


Nunca imaginé que esto ocurriría. Nunca imaginé que saldría a la luz pública. Pero ha ocurrido. Hace ya semanas que tengo la mosca detrás de la oreja pues veo que, poco a poco, se van desvelando informes secretos en Wikileaks (güiquilics para los no iniciados) y era cuestión de tiempo que se filtraran los que afectan e implican a toda mi familia.
Mira que avisé a todos mediante mensaje cifrado. "Cuidao tontosdelhaba, si aberronchamos los dimes y diretes la vamog a cagan" decía. ¿Cómo la habrán descifrado?
El caso es que no se ha tenido cuidado con los ficheros ultra secretos y vamos a tener problemas.
Así ha sido. Toda la información referente al "amigo invisible" de esta Navidad ha salido a la luz. Ahora, cada uno sabe quién es el que le hará el regalo navideño, lo que está aumentando la tensión diplomática entre los miembros activos de la familia.
Antes de la filtración, al igual que en años anteriores, la gente estaba tranquila y podía regalar sin esfuerzo presupuestario ni imaginativo, pues el destinatario nunca sabía quién había cometido el dislate. Si no te gustaba, san aguantarse, no te ibas a enemistar con todo el mundo retirándote a un rincón cerca del pesebre, sin polvorones y con el frío que hace en tan señaladas fechas.
Ahora, la tensión del "qué" y del "cuanto" se ha instalado en el subconsciente colectivo de la comunidad familiar. Miradas subrepticias de recelo, reproches encubiertos, maquinación de venganzas, horrores pasados, todo el vinagre a flor de piel.
Y lo que es peor, junto a la lista delatora han aparecido los comentarios que salpican las relaciones y que en nada ayudan a aliviar el conflicto. Que si el corderito de la tía no estaba en su punto. Que si el vino del cuñaaaaao era de medio pelo. Que si la nuera cuando se emborracha es insoportable, y cuando no, también. Que si a papá se le ha solidificado el cortex cerebral y no da una a derechas. etcétera.
Soy un profundo defensor de la libertad de expresión. Pero hay cosas que no se hacen, hombre! No estábamos preparados para ello. Me parece que esta Navidad va a ser un poco tensa. Maldito Wikileaks (güiquilics para los no iniciados).

jueves, 9 de diciembre de 2010

Homo homini lupus


Una buena oportunidad, pensé al ver la espectacular oferta de prendas polares publicitada por una conocida cadena de tiendas de ropa y objetos relacionados con la práctica deportiva.
El pasado martes encontré un hueco en mi apretada agenda así que, ufano, cogí mi scooter (otro día hablo de ella) y me dirigí a la tienda más próxima a casa.
Al llegar y ver el parking lleno, dudé de si entrar o no, aterrado al imaginarme la multitud descontrolada, enloquecida por obtener el preciado objeto de deseo (podemos incluso obviar lo de preciado y lo de deseo). Pero ya estaba allí y, en un acto de valentía, pa' dentro.
Ya en el interior me quedé un poco sorprendido pues no había tanta gente como vehículos en el parking hacía suponer. Que bien, volví a pensar (dos pensamientos el mismo día, agotado estaba), no hay hordas actuando como sólo ellas saben actuar.
Pregunté a una empleada que portaba rictus de ignorancia donde podía encontrar la prenda deseada y me indicó al fondo a la derecha. Recuérdese que todo, sin excepción, está al fondo a la derecha en este tipo de establecimientos; no sé para qué pregunto. Todo era normal hasta ese momento, pasillos iluminados, productos en su sitio, familias con niños coñazo, jóvenes y jóvenas, olor a plástico chino.
Por fin llego al fondo a la derecha y no doy crédito. La marabunta, la plaga anunciada en la quinta trompeta del Apocalipsis. Cienes y cienes -que diría mi peluquera- de personas alrededor de unos grandes cajones repletos, se supone, de las ofertadas prendas.
¿Qué hago?, ¿me bato en retirada?, ¿me aventuro y que sea lo que Dios quiera? A pesar de no ir preparado (armadura y lanzallamas no me caben en el cajón de la scooter, de la que hablaré otro día, no insistáis) tomé la heroica decisión de adentrarme en el tumulto. Hay que ser valiente de vez en cuando.
No conseguía llegar a los cajones. Perdón, perdón, ¿me permite?, ¿sería tan amable? Los métodos tradicionales no surtían efecto así que tuve que pasar al plan B. Éste consiste en poner cara de "yo no he sido" y liarte a empujones y codazos. Lástima que esa tarde no estaba cabreado, suele ser un buen lenitivo.
Llego a mi destino, estoy feliz, pero de inmediato me invade el desánimo. ¿Dónde cojones está mi talla y el color que busco? Lo que tendrían que ser cajones marcados con su contenido dentro se habían convertido en continentes desordenados llenos de todo tipo de cosas. Un guante suelto, un bote de pelotas de tenis, un candado de bicicleta....incluso un niño pequeño que alguien debió perder en el fragor de la batalla. Y yo buscando, a la vez que defendía mi posición del ataque de otros seres casi humanos.

Como soy bastante cartesiano, estaba al borde del colapso. Prendas por todas partes, falta de asitencia (los empleados escondidos, hacen bien), mordiscos por la talla "L", gritos, caos generalizado. Un universo desconocido para mi.
Decisión final, hay que llevarse algo que compense el sufrimiento. Y así, a ojo de buen cubero (¿qué diablos quiere decir "ojo de buen cubero"?) trinco la prenda que presumo me irá bien de tamaño y el color aproximado al deseado.
Satisfecho, aunque un poco debilitado, logro salir indemne del tumulto, llego a caja y abono los 5 € que costaba la susodicha. Ofertón, ya digo. El precio es el problema y la solución a la vez.
Soy como soy y hasta llegar a casa no le presto atención a la compra. La saco de la bolsa y me doy cuenta de que he cogido la talla "M" en vez de la "L" y en color verde pistacho en vez del verde melón que me apetecía.
No estoy disgustado, iré a cambiarla. Cuando esté cerrado.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Fondo y forma

Aunque interesante, no es tanto el fondo del contenido como la forma de hacerlo visible. Se disfruta.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Relaciones bilaterales

Un conocido anuncio de televisión -que peligrosa es a veces la publicidad- me ha dado una buena idea. Me he convertido en república independiente. Si, yo, no mi casa. No es que viva en un espacio muy grande, pero tener que presidir una república que abarca toda la superficie de la vivienda, con mi señora y sus ideas transitando por ella, se me antoja una labor muy difícil, quizá imposible.
Así que, ni corto ni perezoso, he fundado la República Independiente de Angel Aragón. Como ya tengo Constitución -la llevo redactando desde después de los azotes-, estoy pensando que la primera acción que voy a emprender es la de establecer relaciones bilaterales con España. Hay que llevarse bien con los países vecinos, aunque no creáis que este me inspira mucha confianza.
En primer lugar, es un país de inoperantes que siempre le echa la culpa de todo al remero. No hay metedura de pata que no se salde con un inocente lapidado o un infeliz vilipendidado. Eso de asumir responsabilidades no es genéticamente apropiado. Temo que los ciudadanos responsables -que los hay- terminen pidiéndome asilo político; no tengo mucho sitio en mi habitación y descarto campos de refugiados en el salón, que lo ponen todo perdido.
En segundo lugar, cuando dan su palabra no tienen el más mínimo reparo en hacer lo contrario. Le dan el mismo valor que a los cromos repetidos. Con ceñirse a los tópicos interiorizados como correctos todo arreglado. Y hay de aquel que se manifieste en contra. ¿Y si un día se me ocurre dudar de los beneficios de comer gazpacho? Seguro que me envían la Brigada Acorazada Brunete entera para obligarme al retracto. Con dos cojones. Creo que después de lo de Perejil se les han subido los humos.
Por otro lado, no les va bien la economía. Leo que tienen un pesado déficit, alta tasa de paro y pocas perspectivas de bondades financieras para los próximos años. A ver si voy a sufrir una oleada de emigrantes en busca de una mejor vida. Dispongo de un mercado laboral muy reducido y, a lo sumo, trabajadores puedo absorber uno o ninguno. Al menos de momento.
Lo que está claro es que no puedo cerrar fronteras y desentenderme. Como soy una minúscula república, dependo de ellos para muchas cosas. ¿Dónde voy a comprar el pan payés que tanto me gusta?, ¿qué hago con mi moto si no la puedo mover?, ¿qué pasará con el suministro de agua y electricidad? Y lo que es peor, ¿con quién discuto yo ahora?
Qué dilema.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Sr. Director

Juanjo ha tenido hoy un buen día de trabajo como director de sucursal bancaria. Su gran día. El último del trimestre y ha conseguido superar los objetivos marcados por la Dirección General. Trabaja y se desvive por la empresa, Caja Asaltalia. Tal como está las cosas, a ver si nos!, que diría mi peluquera.
La última operación ha salido redonda. Comisión y favor de los jefes, chico, redondo. Es un fiera, y todas esas cosas. Ha colocado dos hipotecas de golpe.
Wilson Alfredo siempre ha querido comprarse un piso. Lleva 10 años en España y a base de sacrificios ha logrado ahorrar unos miles de euros con los que embarcarse en la siempre incierta aventura de hipotecarse hasta las cejas.

- Buenos días, soy Juan José L., director de esta sucursal. Me informan de que viene ud. a solicitar una hipoteca. Hablemos.
- En efecto señor, mi nombre es Wilson Alfredo D. y quería que me informara sobre ello.
- ¿Puedo tutearte Wilson? Estás en el lugar adecuado. Tenemos lo que buscas.


Una hora después, Wilson sale de la sucursal con la hipoteca confirmada y opción a una segunda para su hermana, también en trance. Wilson trabaja en una empresa de reparto y su hermana en una de telemarketing; cobran 900 y 1000 euros respectivamente. El ínclito, honesto y razonable banquero tiene una fórmula para conseguir dos en una, pasando por encima de las inspecciones del Banco de España. Magia potagia, que decíamos antaño melonar.
Wilson ha cumplido su sueño. Un magnífico tercer piso sin ascensor y con poca luz en un barrio popular de la ciudad. 350000 euracos del ala, pero no te preocupes, mañana valdrá mucho más.
La empresa de Wilson ha realizado un expediente de regulación de empleo. Ya no hay nada que repartir, y todos sabemos que "nada" se reparte solo. Lo peor es que no logra encontrar un trabajo nuevo. Tres hijos pequeños y embargo a la vista. Sin compasión, mala consejera.
Debe la mitad del piso según tasación, las costas judiciales del deshaucio, los intereses y las costas judiciales del procedimiento contra sus avalistas -hermana y cuñado, como siempre-. Por no hablar de otras minucias. Si consiguiera trabajo le embargarían el sueldo. No le queda absolutamente nada. Jamás podrá pagar la deuda.
Caja Asaltalia ha siso absorbida por otra entidad menos rigurosa en sus operaciones, la susursal de Juanjo será cerrada. Le proponen el traslado a otra, a 90 km. de casa en un pueblucho de mierda. Con lo que he trabajado por la caja y así me lo pagan, etcétera.
Al final se consuma el axioma empresarial de que éxitos pasados no garantizan promociones futuras. Ahora Juanjo trabaja allí, jodido pero no tanto como Wilson.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Snoring Stopper


Lo de la mortaja ya lo inventé hace tiempo. Me ponía un pañuelo desde la
barbilla hasta la coronilla, bien anudado arriba, y a dormir, y a dejar dormir. Por lógica.
He de reconocer que restaba intensidad y cantidad a mis ronquidos, pero era bastante incómodo. Por no hablar de la sensación que te produce al verte en el espejo, amortajado en vida. Y aunque hayas hecho desaparecer todos los espejos de la casa, la sensación permanece. Te encuentras raro, como fuera de lugar. ¿Quizá debería estar vagando con el resto de ánimas amigas, en vez de cultivar la cara de gilipollas?
Ahora inventan un remedo de brida dudosamente estética para sustituir al pañuelo de toda la vida. A pesar de esa carga de diseño, el resultado se antoja tan incierto como el del prehistórico objeto textil.
Para amortizar tan conspicuo objeto se me ocurre incorporarlo a las -ya escasas- sesiones de juegos erótico-festivos, con señora propia o ajena. Te haces con un complemento para la boca (brida completa) y a hacer de caballo percherón. A cuatro patas y con ella -o él- encima profiriendo gritos de "caoboi". Inenarrable.
Mejor me lo compro más adelante.

domingo, 31 de octubre de 2010

Preciosa poesía

Ma quando gli dico
ch'egli è tra i fortunati che han visto l'aurora
sulle isole più belle terra
al ricordo sorride e risponde che il sole
si levaba che il giorno era vecchio per loro.


Pero cuando le digo
que él está entre los afortunados que han visto la aurora
sobre las islas más bellas de la tierra,
al recuerdo soríe y responde que cuando el sol se alzaba
el día ya era viejo para ellos.

martes, 5 de octubre de 2010

Recomendación

No suelo hacerlo, pero esta vez me salto la norma. Y si me gusta esto de transgredir normas, repetiré.
El penúltimo libro de Eduardo Mendoza, "El asombroso viaje de Pomponio Flato". Evito los calificativos. Sólo decir que he pasado un buen rato leyéndolo, como hace tiempo que no pasaba.

No eramos tan amigos

Hace un tiempo que se ha vuelto a poner de moda la incineración. Desde tiempos remotos se ha practicado, unas veces por castigo, otras por higiene, otras porque si.
Hace años, esta práctica era impensable. El cuerpo lo íbamos a necesitar para el día de la resurrección de los muertos. A ver qué va a hacer tu alma vagando sin envoltorio.
Ahora, una parte de la población opta por quemar al difunto; se mete el cadaver en el horno, se abre la espita del gas, se prende y todo queda reducido a cenizas. Dentro de poco, se abrirán también hornos de leña, para quemar al ser querido al estilo tradicional. El marketing no para.
¿Y qué hacemos con las cenizas? Ponerlas junto al cabecero de la cama no parece la mejor solución. Y en la despensa puede llegar a confundirse con el azucar moreno, menudo panorama. Una opción puede ser vaciarlas en el retrete y tirar de la cadena, última visita al parque acuático, pero parece un poco chusco.
Al final, la última voluntad pasa por ser esparcido en algún lugar al que se le haya cogido cariño. La aldea de los antepasados, el paisaje dónde declaró amor eterno, el parque dónde hacía footing diario y, por fin, el mar, cualquier mar, esa referencia onírica para gentes de todo tipo, origen y condición. Un lugar muy deseado para el oportuno vaciado.
Nadaba yo hace unos días en el Mediterraneo y, gracias a mi boca abierta y a una oportuna ola, me eché un trago de agua que, además de salada, me supo un poco rara. ¿A quién me había bebido esta vez?, ¿Pedro, Jean, Otto, Luisa? Quien quiera que fuera, no era tan amigo mio como para incorporarlo a mi dieta.
Por favor, aléjense de la orilla para espolvorear al finado.